miércoles, 21 de agosto de 2013

Matthysse: "Cuando me veo en el ring me doy miedo"

Ernesto Raúl Rodríguez III, periodista del diario deportivo Olé, nos hace llegar esta genial entrevista que realizó al duro pegador Lucas Matthysse. Sublime. Podéis seguir en Twitter a Ernesto, que nos regala genialidades como esta desde su nombre en esta red social: @EPHECTO.

"A un mes de la unificación del WBA Superligero ante Danny García, el boxeador del momento cuenta su historia: su relación con la fama, su amistad con el Chino Maidana y cómo su hija le pidió que no colgara los guantes.

Hay boxeadores que impresionan por su vigor físico. Otros, por su confianza excesiva e histriónica. En el caso de Lucas Martín Matthysse, lo distintivo es su mirada. Sobre el ring, sus ojos son dos puñales negros que traspasan al oponente; no importa que sea un rival en combate o el entrenador en sesión de manoplas. Abajo, las facciones del chubutense de 30 años, se aflojan y el campeón Superligero WBC interino muestra su lado más tierno mientras contempla la tapa de la última revista The Ring en la que se lo ve en guardia. Adentro, el título del reportaje de diez páginas (“Más fuerte que las palabras”) sintetiza bien su carácter. “A mí, mientras menos me rompan los huevos, mejor. No me interesa que me conozcan. Si no, vas a un bar y te hablan de boxeo; vas al kiosco, más boxeo. Me siento cómodo así”, reconoce.


El próximo 14 de septiembre, Matthysse se enfrentará al estadounidense Danny García para unificar la corona WBC de los 63,500 kilos en el prestigioso MGM Grand de Las Vegas, como semifondo del choque entre el yanqui Floyd Mayweather y el mexicano Saúl Alvarez. “Haber estado en cadenas no tan conocidas hizo que el que no es del ambiente no me conociera tanto; tal vez si hubiera estado en TyC Sports por ahí me conocían más. Yo hice mi campaña en Space, en DirecTV. Después me fui a pelear afuera. Ahora, por suerte, soy reconocido a nivel mundial. Tal vez nadie lo sabe, pero yo ya peleé en el MGM Grand de Las Vegas. El día previo a Mayweather-De la Hoya se hizo un festival y yo gané ahí (NdeR: fue el 4 de mayo del 2007 y GKO1 al dominicano Ramón Durán). Pocos lo saben, pero yo ya peleé en Las Vegas el día previo a Mayweather-De la Hoya. Para mí es lo mismo pelear ahí que cuando entro al gimnasio de Arano, acá en Junín. El estadio es lindo, pero lo que importa es lo que pasa en el ring. No me vuelve loco el brillo”, explica relajado.

-¿Cómo llegaste al boxeo?
-Yo empecé a ir al gimnasio a ver entrenar a mi viejo (Mario, ex rival del Roña Castro). También mi tío (Miguel Steimbach) boxeaba, Y hasta mi mamá (Ruth) hizo una pelea para ver qué se sentía. Mis hermanos Walter y Soledad pelearon por el título mundial. Así que la cosa es de familia. Es más, mi hermana está casada con Mario Narváez, uno de los hermanos de Omar. Y mi sobrino, el hijo de Walter ya boxea. Así que somos una familia de boxeo.

-¿Antes hiciste algún otro deporte?
-De chico practiqué fútbol, karate, básquet. Me ponían sólo porque era el que iba siempre, todos los días, y nunca me ponían. Si entraba era porque faltaba uno. Corro atrás de la pelota. Juego de 11, de 4. Por ahí ni sabía a dónde iba. Me invitaron a jugar los Narváez y terminábamos ganando porque éramos boxeadores, metíamos pecho y ganábamos.

-¿Cuándo te pusiste por primera vez los guantes?
-A los 10 u 11 años empecé a entrenar con Bernabé Méndez en Trelew. Estuve con él hasta los 14 años, hasta hice tres exhibiciones con Daniel Narváez, uno de los hermanos de Omar. Fui a Tierra del Fuego. Cuando mi mamá se separó de mi papá me fui con mi hermana Jennifer y ella a Esperanza. Ahí estuve con ella trabajando en el gimnasio de los Paniagua. Después me fui a Rafaela y estuve un año y de ahí pasé a Vera, a vivir con Juan Keller, que era loco lindo, un verdulero que quería tener boxeadores. Me trató como mi papá, yo era uno más de la familia y siempre les agradezco todo lo que hicieron. Yo iba cada tanto a ver a mi mamá, porque estaba a cinco horas, porque seguía en Esperanza. Y ellos me contuvieron mucho. En esa casa lo conocí al Chino Maidana.

-¿Cómo?
-A Keller lo ayudábamos con la verdulería. Ibamos a buscar verdura con el camión al Mercado Central, a descargar y a vender en los dos negocios que tenía. Y después agarrábamos el camión jaula y salíamos por los pueblos. Primero vendíamos la verdura y después peleábamos en los clubes. Antes ya había hecho peleas en Rafaela. Ahí peleé con otro nombre porque tenía menos de 16 y no me daban licencia. Yo era José Acebal. Lo loco era que en el pecho tenía un tatuaje que decía Lucas. Ese año fui a un campeonato nacional en Mendoza y aunque perdí en la final con el sanjuanino Amílcar Funes, me llamaron para venir a la Selección al Cenard. Así que como había hecho otras veces, no miré para atrás, agarré mis cosas y me fui a Capital.

-¿Qué le metías al bolso cada vez que te ibas?
-Lo poquito que podía juntar y arrancaba. Alguna foto de mi familia, si tenía... Al principio era difícil tener fotos. Mi vieja laburó mucho y me regaló una cámara de fotos a los 16 años, por eso yo tengo recuerdos de ese tiempo. Eso siempre va conmigo.

-¿Cómo fue la vida en el Cenard?
-Era complicado por el desarraigo. Pensá en una pieza estábamos con el Chino Maidana, el Cotón Reveco, que era de Mendoza, y el cordobés Sergio Priotti. Eramos muy pibitos. A veces mi mamá venía a visitarme, nosotros distraíamos al conserje del hotel y la metíamos en la pieza. Y ella se quedaba allí, un fin de semana, hasta una semana se quedó. Y para todos era como su mamá, le contaban cómo se sentían, cuánto extrañaban. Para que comiera todos pedíamos un poco más de comida en el restaurant y con lo que ponía cada uno le armábamos el plato.

-¿Seguís teniendo esa relación con tu mamá?
-Seguro, yo soy muy compañero con ella. Ahora viene a la concentración y yo duermo abrazado a ella. Es mi vieja y la amo; le agradezco que siempre esté conmigo.

-¿Cómo fue la convivencia con el Chino?
-Tranqui porque los dos no somos de hablar mucho, ja. Por suerte en la habitación de cuatro lo teníamos a Priotti que era el que más hinchaba las bolas. Con el Chino estábamos bien. Vivimos muchas cosas juntos desde pibes y nos respetamos. Cuando dicen que nos quieren ver en el ring yo les contesto que no tengo drama, que si tenemos que pelear vamos a pelear. Pero ninguno de los dos quiere hablar mal del otro. Hay un montón de boxeadores para pelear, para qué romper las bolas con nosotros. Además, nos conocemos mucho. De amateur peleamos cuatro veces. Me ganó tres veces y empatamos otra. Y en el Cenard hicimos muchos guanteos; Tengo hasta videos de eso. Como los dos fuimos al piso, sé cuánto pega el Chino y él me conoce la mano. Sé qué piña me va a tirar a fondo, cómo va a hacer un movimiento.

-¿Fue el que más fuerte te pegó?
-No. La Zorrita Soto fue el que me hizo sentir la mano. Pero se ve que tengo buena mandíbula porque nadie se dio cuenta.

-¿De la época amateur te quedó alguna deuda?
-Yo quería ir a los Juegos Olímpicos. No llegué, pero pude representar a la Argentina en torneos panamericanos, fui tres veces a Cuba en donde aprendí un montón. No estoy arrepentido de nada.

-¿De Cuba te trajiste el nombre de tu nena?
-Sí, Yaneisi. Se Priscilla Yaneisi y ni sé bien cómo se escribe, pero un día la escuché a una señora que llamaba a su hija y me encantó. Primero hice que se lo pusieran a mi sobrina y cuando nació mi hija, se lo puse.

-¿Alguna vez pensaste en dejar el boxeo?
-Un montón de veces. Hay cosas que te pasan en la intimidad, en lo personal que te hacen pensar en dejar todo. Los de afuera no lo saben, pero a vos no te dan ganas de seguir. Y después cuando perdió con Zab Judah me sentía cansado. Y cuando me dieron perdedor con Devon Alexander me pasó lo mismo. Pensaba tal vez no en dejar de pelear sino dedicarle más tiempo a mi familia, a disfrutar un poco de la vida. Porque era perder un año con tantos combates. Pero mi hija me dijo: “Papá, vos seguí que peleás bien”. (se ríe) Y seguí porque me lo pidió ella. A mí no me importa lo que digan los otros me entra por acá y me sale por acá (señalándose las dos orejas). Lo que me dicen mi hija y mi mamá me queda adentro.

-¿Por qué hubieras tomado la decisión de dejar la carrera: porque te consideraba robado, por el tiempo que habías perdido?
-Un poco de eso hay. Además, en la de Judah me quedé mal porque había un cinturón en juego (NABO superligero) y lo quería ganar. Yo tengo algunos y lo veía y decía. “Puta, no me puedo llevarlo a casa”. Los boxeadores peleamos por cinturones y yo quería tenerlo para poder colgarlo en casa y disfrutarlo. Eso me dolía más que haber perdido.

-Si no te hubiera pedido tu hija, ¿qué hubieras hecho?
-Tal vez no hubiera dejado de boxear, pero me hubiera dedicado menos y habría agarrado peleas sin preocuparme tanto. Tal vez habría sido carpintero. Cuando era pibe aprendí a hacer cosas con las herramientas. Y me gustan también los tatuajes. De chico empecé con tinta china y la aguja a los me hice las iniciales en el brazo. Como no me dijeron nada me hice un corazón en la mano y después seguí. Hice la maquinita casera y aprendí. Y después me compré la profesional. Ahora tengo todo el equipo para hacer tatuajes. En la Selección los tatué a todos: a Reveco, a Maidana, a Brizuela. El primer tatuaje que tuvo Maidana en la espalda, cerca del cuello, que es un puño, se lo hice yo.

-Pasemos al boxeo, ¿si le ganás a Danny García...?
-(corta) Le voy a ganar.

-OK, le ganás a García y empiezan a llover los grandes nombres. ¿Hasta dónde vas a poder bancar esto?
-Voy a seguir siendo el mismo. Por ahí se me va a complicar un montón de cosas cotidianas. Que la gente vas y te quiere hablar todo el tiempo de boxeo. Mi carrera va a cambiar, no yo. Estoy agradecido que todos sigan lo que hago yo y soy rebuena onda con todos. Pero, si por mí fuera, me gustaría que no me conociera nadie. Voy a un lugar a comer y me presentan “Lucas Matthysse, el campeón”, no voy más. O si voy a un kiosco a comprar algo y me dicen: “Llevalo, campeón”, me siento mal. Yo laburo como laburan todos. Me gusta pagar por lo mío, no que me regalen. Me gusta que la gente me diga Lucas, no campeón. Mi mamá me puso Lucas Martín, ese soy yo. Campeón soy arriba del ring, abajo soy yo. A veces en el gimnasio joden para calentarme con eso.

-¿A qué programa irías?
-Si me invita Alejandro Fantino, sí iría. Porque están buenas las notas que hacen. Te preguntan cosas como éstas, por tu vida, lo personal. Después todo lo otro, puterío, chimentos no. Seguramente que me van a invitar de todos lados, pero prefiero no ir. No iría a poner la cara en la tele a cualquier programa, no estoy para bailar o cantar. A lo de Marcelo Tinelli no iría. A lo de Susana Giménez sí. Es una señora respetada por todos y salió con Carlos Monzón. Me sacaría una foto con ella por eso.

-¿Cómo sos en tu casa?
-Yo estuve en pareja con la mamá de mi hija seis o siete años. Ahora se te complica porque son otros los intereses. Ahora capaz que me ven rubio y de ojos celestes. Ya va a llegar, si llega. No me tiene que romper las bolas, je. Yo soy tranquilo, soy recasero. No soy de ir a los boliches. Me gusta estar tranquilo en casa, con mi perro, mirando la tele. Me gusta que respeten eso. Me gusta escuchar música (NdeR: en su celular conviven Almafuerte, Los Piojos y la cumbia) y miro la tele. Ahora que tengo una tele grande miro muchos documentales. Me cuelgo dos o tres horas con documentales de animales o sobre los extraterrestres. A veces me prendo con películas de guerra; las de terror a veces dan un poco de miedo, ja. Si hay cosas que no me impresionan, cambio.

-Al final sos un tierno...
-Jajaja, sí. Me transformo, soy otra persona. Arriba cambio porque está el futuro de mi hija, de mi familia, de mi equipo. Cuando bajo del ring vuelvo un pichoncito.

-Monzón decía algo parecido. Decía que el rival era un ladrón que le iba a robar el pan a los hijos y por eso lo odiaba.
-En el ring estoy como en otro lado. Cuando a mí me avisan que hay que caminar para el ring, me transformo. No me preguntes qué me pasa; no veo nada. Después miro los videos de lo que hago en pelea. Y cuando me veo en el ring me doy miedo. Me asusta cómo voy al frente, cómo pego. Yo miro mis videos, no tanto a los rivales. Me miro a mí para ir corrigiéndome.

-¿Tenés cábalas?
-En el gimnasio siempre usamos un cajón de frutas para llevar todas mis cosas; en casa es la mesita de la compu del Colo Fernández. Yo digo que es mi bolso; hasta le hicimos las tres tiras. Para las peleas me llevaba siempre una remera de Almafuerte pero en la última pelea me la olvidé. La foto de la nena. Y los rosarios que me regala Meneca, la mujer de Mario Arano.

-Hablando de miedo, ¿le viste la cara a Danny García el día que noqueaste a Peterson?
-Sí, en los videos y algunas fotos. Le cambió la cara. Más de uno fue a verme perder. Y García también. Antes de la pelea estaba canchero, saludando en el ring side. Y después que lo puse, cuando lo enfocaron estaba pálido, miraba para otro lado. Uno lo tocaba para marcarle que estaba en cámara y él se hacía el gil. Si yo me pongo en su lugar, se me llena el culo de preguntas. Porque si voy a ver a un futuro rival y noquea como lo hice estaría tan preocupado como él.

Es su lugar en el mundo
Tras andar por todo el país, Matthysse se siente en casa en Junín. “Tengo todo lo que necesito”.
Si bien a otros boxeadores (Maravilla Martínez, el Chino Maidana) irse al extranjero les permitió crecer, a Lucas no le cierra demasiado irse afuera “Cuando me voy afuera sufro. Lo hago porque es mi trabajo. Extraño ir a comprar al kiosco, porque ni hay kioscos en Estados Unidos, Me gusta ir, entrenar un poco, pelear y venir. Yo estuve en Big Bear dos meses tapado por la nieve. Me entrené con Shane Mosley, fue una experiencia rebuena. También trabajé con Maravilla Martínez. Pero yo me siento en casa acá, en Junín. Tengo todo lo que necesito. Un grupo lindo con mi gente y los pibes que vienen al gimnasio a dar una mano. En Junín estoy hace ocho años y tengo a mi promotor (Mario Arano), a mis entrenadores (Cuty Barrera y Darío Fernández), al profe (Gerardo Pereyra) y al doctor (Edgardo Leguizamón). Estoy cómodo si estamos acá en el gimnasio o vamos a concentrar a la Laguna de Gómez, que está cerquita. Cuando puedo me traigo a mi nena; viene mi mamá, no me falta nada".

-¿Sentís que sos casero porque durante mucho tiempo pasaste de casa en casa?
-Acá tengo mis cosas y disfruto mucho de lo que pude lograr. No tuve mucho durante mucho tiempo y ahora disfruto lo que tengo.

La tiene en la cabeza
No le preocupan las amenazas de Danny García. “Yo voy a salir a darle y no me va a aguantar”.
Lucas ya tiene la cabeza puesta en el plan para el 14 de septiembre. “Ya la tengo clara. Voy a salir a buscar mi pelea. No me importa que Danny García boxeé o tenga un buen gancho de izquierda. Yo voy a salir a darle y no me va a aguantar. El otro día soñé cómo terminaba, pero no lo voy a decir. No en qué round, sino cómo. Terminaba bien, je”.

-¿Cómo te cae que Dannny García y el padre digan que te va a ganar?
-No sé, porque está todo en inglés. No me preocupa. Sé que el padre me dio con un caño. Que diga lo que quiera, total arriba del ring voy a estar yo con el hijo. Sé que ahora vamos a ir y me va a bardear en la conferencia de prensa. Es puterío eso, no me interesa. Yo no hablo; pego. Mi trabajo es pelear y ganar.

-Tras este combate, ¿a que rival querés?
-Hablan de Floyd Mayweather, Adrien Broner, el mexicano Juan Manuel Márquez. Yo nunca elegí rivales. El que venga, no tengo problemas de pelear con nadie. Tengo 30 años y mi idea es seguir hasta los 32 ó 33. A mí me encanta el gimnasio y trabajar, pero es mucho tiempo haciendo lo mismo. Quiero disfrutar a mi familia. Yo sé que si gano estas peleas le aseguro el futuro a mi hija.

-¿Cuál va a ser el festejo?
-Allá no creo que mucho, porque termina la pelea, vamos a cenar y me vuelvo al hotel a armar el bolso. Acá sí, quiero un buen asado. Y capaz que me tomo un buen vino.