jueves, 15 de enero de 2015

Conclusión; divorcio a la vista

En guerra avisada, no muere soldado. Esta semana se está plasmando en España, entre Federación y promotores, un anticipo de lo que será el boxeo a nivel mundial desde estos momentos; AIBA quiere monopolizar este deporte, pero ahora sabemos que nadie será sometido a ningún yugo.

Esto ha estallado, era inevitable. Más vale guerra abierta que paz fingida, sobre todo cuando hablamos de atajar los problemas en el momento adecuado, algo raro en un mundo donde darle tiempo al tiempo es la forma casi habitual de proceder ante aquello ante lo que no se tiene, o no se sabe, la respuesta o la acción adecuada. No hay más, no puede haber discusión, el boxeo amateur o aquello que quiera llegar a ser AIBA debe separarse de una vez de aquello que entendemos como boxeo profesional; el de toda la vida. Esa guerra, ese mensaje, se empezará pronunciando en España.

Debe ser así, no hay salvación. El boxeo profesional, representado por los grandes organismos internacionales, son ahora los que en respuesta a la provocación de AIBA buscan mantenerse alejados de aquellos que hayan jurado fidelidad al expansionismo de Ching-Kuo Wu. ¿Puede la ambigüedad proteger a un bígamo?, no, pese a que tenga la mejor de las intenciones.  Será difícil y traumático si esto se demora pero, a día de hoy, es imposible que la Federación española de boxeo pueda convivir con AIBA y el boxeo profesional a la vez. Todas las partes lo saben.